Dando lo mejor de nosotros

Levítico 1:3

“Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de YHWH”.

El capítulo 1 describe la ofrenda de olah, término que significa “elevación”: una ofrenda completamente quemada, conocida como holocausto (shoah, שואה). Esta ofrenda debía cumplir tres características fundamentales: ser voluntaria, sin defecto y presentada a la puerta del tabernáculo de reunión.

De este pasaje se desprenden enseñanzas importantes:

  1. Dios merece lo mejor, no aquello que nos sobra.
  2. La ofrenda debía ser “sin defecto”, lo cual enseña que no se debe presentar a Dios lo dañado o de menor valor.
  3. Debía ser voluntaria, nacida de la disposición del corazón.

Aplicación práctica en la actualidad

Estamos llamados a ofrecer a Dios lo mejor de nuestra vida: nuestro tiempo, nuestro corazón y nuestras decisiones. No debemos buscarle únicamente en momentos de dificultad, sino consultarle en todo tiempo.

En primer lugar, somos nosotros quienes debemos presentarnos como sacrificio vivo. El acto de ofrecer un sacrificio completamente quemado simboliza “la muerte del viejo hombre”, que, de acuerdo con las Escrituras, está inclinado a los deseos erróneos.

Este es el inicio del proceso espiritual: morir a la carne. Esto nos lleva a reconocer que todo lo que sucede y sucederá depende de Dios; por lo tanto, nuestra confianza y nuestra fuerza deben estar plenamente depositadas en Él.

Proverbios 3:5

“Fíate de YHWH de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.

En el libro de Habacuc también se menciona a aquellos que depositaron su confianza en sus propias fuerzas, convirtiéndolas en su dios:

Habacuc 1:16

“Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción y engrasó su comida”.

La Nueva Traducción Viviente lo expresa así:
“Son un viento que a su paso arrasa todo; su pecado es hacer de su fuerza un dios”.

Por ello, es necesario apartar diariamente un tiempo exclusivo para Dios, no “si sobra tiempo”, sino un tiempo de calidad, lo mejor de nosotros, ofrecido voluntariamente y con un corazón humilde.

Asimismo, cada decisión que tomemos debe estar acompañada de oración. Debemos clamar a Dios y poner nuestros planes delante de Él. Recordemos que Él ya nos dio lo mejor: a su Hijo amado, el primogénito de la creación, por medio de quien hizo el universo. Ante esto, surge una pregunta esencial: ¿qué estamos ofreciendo nosotros al Eterno?

La reflexión final es clara: debemos poner a Dios en primer lugar en todo, por amor y por gratitud. Si estamos vivos y disfrutamos de sus misericordias, es porque Él es bueno. ¿Acaso es demasiado dar lo mejor de nosotros?

Aun dando todo, sería muy poco en comparación con las innumerables bendiciones que recibimos sin merecerlas.

Noaj G.

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