Levítico 2:1
“Cuando alguna persona ofreciere oblación a YHWH, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso”.
En el capítulo 2 no se habla de animales ni de sangre, sino de ofrendas vegetales, donde la harina y el aceite eran presentados delante de Dios. Una enseñanza importante que resalta es que todos podemos acercarnos al Creador; no hay nada que nos impida estar cerca de Él.
Dios también valora las cosas sencillas, siempre que se hagan con amor. En ocasiones pensamos que si lo que vamos a ofrecer es poco, es mejor no dar nada. Sin embargo, lo verdaderamente importante es el anhelo que hay en el corazón de cada persona, ya que delante de Él todos somos iguales.
Muchas veces, eran los más pobres quienes presentaban este tipo de ofrenda. El hecho de acercarse con lo que tenían representaba, para Dios, una muestra genuina de amor. Esto demuestra que quien es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho.
Cuando una persona que nunca ha tenido llega a poseer bienes y cambia su actitud, en realidad no ha cambiado: siempre fue así. El tener simplemente revela lo que había en su interior.
Cuando hacemos algo para el Eterno con todo el corazón, el valor material no es lo importante; lo que verdaderamente cuenta es la intención con la que se realiza.
Si lo que ofrecemos nace del amor, Dios reconoce que hemos dado todo lo que estaba a nuestro alcance. Pero si tenemos y actuamos con mezquindad, entonces esa ofrenda no ha sido presentada de todo corazón.
Nadie debería presentarse delante del Eterno con las manos vacías, porque siempre tenemos algo que ofrecer.
Noaj G.