Levítico 2:13
“Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal”.
La sal posee características únicas:
- No se corrompe.
- Preserva los alimentos.
- Da sabor a las comidas.
Los pactos que Dios ha establecido son duraderos y firmes; sus promesas son fieles y verdaderas. Podemos estar seguros de que ninguna de ellas dejará de cumplirse.
Números 18:19
“Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a YHWH, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu descendencia contigo”.
Aquí se hace referencia al “pacto de sal”, relacionado con la perpetuidad. Dios espera que, así como Él es fiel a sus promesas, también nosotros seamos fieles a Él. De hecho, la palabra “fe” proviene del hebreo emunah, que significa fidelidad. Por lo tanto, así como Dios es fiel, espera que nosotros también lo seamos y que siempre lo tengamos presente.
Asimismo, cuando se menciona el pacto davídico, vuelve a aparecer esta idea:
2 Crónicas 13:5
“¿No sabéis vosotros que YHWH, Dios de Israel, dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal?”.
La sal no se deteriora, y nos recuerda que Dios no dejará de cumplir sus promesas. Esto debe motivarnos a ser como Él: fieles, constantes y firmes en nuestra relación con Él, sin ser cambiantes ni inconstantes.
Yeshúa también hizo referencia a la sal:
Mateo 5:13
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
Como se mencionó anteriormente, la sal da sabor a los alimentos y los preserva. Interesantemente, cuando la sal está presente en la cantidad adecuada, rara vez es elogiada; difícilmente se escucha a alguien decir: “¡qué deliciosa está la sal!”. Sin embargo, cuando falta, todos lo notan.
De la misma manera, no debemos buscar la gloria de los hombres ni anhelar reconocimiento. Más bien, nuestro comportamiento debe ser tal que, si algún día faltamos, nuestra ausencia sea evidente.
En Shabat, tradicionalmente se comparte el pan con sal, recordando que Dios nos ha dado y continuará dándonos tanto el sustento espiritual como el terrenal, porque sus promesas son eternas.
En los sacrificios siempre estaba presente la sal, porque cada acto de entrega que hoy realizamos —todo aquello que implica un esfuerzo o sacrificio— es recibido por el Creador, así como lo era en la antigüedad.
Ya no se trata de sacrificios de animales, sino de presentar nuestros cuerpos como sacrificios vivos delante del gran Juez de toda la tierra.
El mayor sacrificio fue realizado por nuestro Mesías, y recordemos que, hasta el día de hoy, su sacrificio permanece vigente y tiene el poder de expiar los pecados de todos aquellos que se acercan a Él con un espíritu contrito y humillado en su presencia.
Noaj G.